domingo, 25 de octubre de 2015

La última FIV


Antes de empezar nuestra segunda FIV, Alma y yo estábamos de acuerdo en que sería la última. Íbamos a realizar este intento en condiciones óptimas: llevaba ya mucho tiempo con la metformina, tomaba también una medicación para prevenir los abortos, nos sentíamos llenas de fuerza, ganas y esperanza, y, encima, estábamos de vacaciones, así que el estrés se reducía al mínimo. Si, con todo eso, la FIV salía mal, entonces tendríamos que entender que mi cuerpo no daba más de sí.

Y eso es precisamente lo que  ha ocurrido. Según nuestra doctora, seguimos dentro de las estadísticas, porque es normal hacer hasta tres FIV para conseguir un embarazo, sin que ello signifique que ocurre algo malo o que es imposible lograrlo. Sin embargo, no estamos dispuestas a enfrentarnos a una tercera FIV tan solo para salirnos de las estadísticas: ya lo hicimos con nuestra cuarta inseminación y no dejo de arrepentirme. Hasta aquí hemos llegado.

El motivo fundamental por el que todavía no hemos conseguido nuestro objetivo es mi SOP. Este trastorno hace que sea prácticamente imposible estimular mis ovarios sin provocar una hiperestimulación, lo cual dificulta el conseguir un número suficiente de óvulos maduros y de calidad en cada ciclo. Con esto debería bastar para explicar lo que ha ocurrido hasta el momento, aunque quizá mis óvulos tengan mala calidad en sí mismos. Mientras que el riesgo de hiperestimulación es casi inevitable en el SOP, la mala calidad ovocitaria ocurre solo en algunos casos: en el mío, parece que el lote viene completo.

Sé que podríamos intentarlo más veces y sé que podría salir bien. A la tercera, a la cuarta, a la quinta. Mi cuerpo va reaccionando mejor a todo el proceso y al menos conseguimos un embrión de buena calidad en cada ciclo. Pero, ¿qué sentido tiene? Nuestros recursos, nuestras fuerzas, nuestro tiempo son limitados. Los embriones, aunque bonitos, o no se implantan o se paran. ¿Es solo cuestión de suerte? Podría ser, pero yo creo que la buena suerte necesita más que un empujoncito, y en nuestro caso, eso pasa por dejar de pedirle peras a mi maltrecho sistema endocrino.

Vamos a tomarnos un tiempo, a descansar, a disfrutar de la vida que sí tenemos, a pensar en nuestras posibilidades y a planear nuestro siguiente asalto. No sé cuál será ni cuándo ocurrirá, aunque sé que tendrá lugar: eso, desde luego. No voy a rendirme, no abandonaré mi sueño de formar una familia, pero sí tendré que asumir que no va a ser cuando ni como suponía.

Mi vida sigue resistiéndose a resultarme sencilla.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y si tu cuerpo no funciona, ¿por qué no hace el proceso Alma? Quizás ella lo tenga más fácil y vas a ser madre igualmente.

Mmaria Laura dijo...

Que duro que es todo esto, demasiado injusto, son muy fuertes y valientes para pasar por tanto y por eso seguramente lo conseguirán como sea, xq lo merecen y así sera, llegara!!!!. Descansen, les deseo lo mejor y no dejen de contarnos como están, besos

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